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Abu Simbel

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Abu Simbel es el lugar soñado por cualquier aspirante a Indiana Jones, un homenaje a los deidades del panteón egipcio y al faraón Ramsés II, que quería equipararse a los dioses. El conjunto arquitectónico de Abu Simbel fue levantado en honor al regente y su esposa Nefertari, tras la victoria egipcia en la batalla de Kadesh, en el siglo XIII a. C. La importancia de este enfrentamiento reside en que es la primera batalla documentada de la historia.




Abu Simbel tardó 20 años en construirse y se dedicó al culto del faraón deificado, así como a los dioses Ra, Amón y Ptah. Los súbditos egipcios visitaban el templo para rendir pleitesía al soberano y hacer ofrendas. Rezaban por el bienestar de su señor y su país, pero también hacían ritos para pedir favores personales.




Hoy, atravesar las puertas de Abu Simbel es viajar 2000 años atrás en el tiempo en apenas unos segundos. Notar el peso de los milenios, deslizándose por las paredes. Es sentirse minúsculo entre esculturas y jeroglíficos. Dejar volar la imaginación hacia las vidas de faraones, sacerdotes y egipcios de a pie. Contemplar el Nilo, poderosa fuerza de la naturaleza.

Abu Simbel fue redescubierto en 1813, tras estar más de dos milenios cubierto por la arena, por el arqueólogo Johann Ludwig Burckhardt. Aunque no fue hasta 1817 cuando el explorador Giovanni Belzoni pudo acceder al recinto. Desde entonces ha asombrado a millones de viajeros. Y se ha convertido en una de las atracciones clave en cualquier recorrido tradicional por el país del Nilo.